«¿Todas las comunidades bilingües son diglósicas?», nueva entrada de blog escrita por Nadiezdha Torres Sánchez


¿Todas las comunidades bilingües son diglósicas?

Nadiezdha Torres Sánchez

Los conceptos de bilingüismo y diglosia se han usado para caracterizar las situaciones multilingües y de contacto lingüístico, ya sean producto de procesos de colonización, de migración o de territorios compartidos, pero ¿cuál es la relación que existe entre estos dos conceptos? En esta entrada se revisarán las distintas interpretaciones que se le han dado al concepto de diglosia mostrando como su uso generalizado ha tenido como consecuencia la homogenización de las diversas comunidades multilingües en América.

El estudio de la distribución de las lenguas en los diferentes ámbitos de uso de una comunidad describe las normas sociales comunitarias, es decir, qué lengua se habla dónde y con quién lo que permite tener un panorama macro social del estado de las lenguas involucradas. En algunas comunidades se podría esperar que cada lengua tenga espacios de uso especializados sin que estos se traslapen; en otras comunidades, una de las lenguas podría acaparar un mayor número de ámbitos relegando a la otra, sobre todo, a espacios privados como el núcleo familiar.

Dentro de las diferentes investigaciones enfocadas en las dinámicas sociales de uso de las lenguas en los diferentes ámbitos comunitarios resalta el término de diglosia, pero ¿cómo se define? y ¿cuál es su relevancia en la descripción de los usos de las lenguas?

La diglosia tiene un recorrido particular en su definición, pues esta se ha ido adaptando a partir de las diversas características de las situaciones multilingües estudiadas. Por un lado, tenemos el término clásico instaurado por Ferguson (1959) quien se enfoca en las comunidades en las que conviven dos variedades de una misma lengua una considerada como alta (A) y de prestigio (árabe clásico) y otra baja (B) y de uso cotidiano (variedades regionales de árabe), lo que se refleja en la función especializada que cada una de ellas tiene. La diferenciación entre la variedad A y B se determina por una serie de rasgos que se resumen en la siguiente tabla.

Rasgos de diferenciaciónVariedad AltaVariedad Baja
Funciónsermones religiosos, escritura en cartas personales, editoriales periodísticas discursos políticos y universitarios, poesíainstrucciones y/o mandatos, conversaciones coloquiales, literatura folk, radio novelas, escritura en cartones políticos
Prestigiose ve como superior, más lógica, más bella y en la que se pueden expresar el conocimientoen algunas ocasiones se niega su existencia
Herencia literariaexiste literatura escrita que puede ser del pasado o actualno existe literatura
Adquisiciónse aprende en espacios formalesse adquiere en la infancia
Estandarizaciónhay normas ortográficas establecidas, por lo que existen gramáticas diccionarios y manualesson pocos o inexistentes los trabajos descriptivos y no se ha establecido una norma lingüística
Estabilidadse trata de una situación estable
Gramáticatienen estructuras gramaticales que no están presentes en Bno existen gramáticas
Lexicónléxico especializado para términos técnicos y expresiones aprendidasléxico de expresiones populares y de objetos del hogar
Fonologíacaracterísticas divergentes que constituyen un subsistemasistema fonológico básico

Por otro lado, está la denominación de diglosia extendida para caracterizar, principalmente, el uso propuesto por Fishman (1972: 93-106) quien lo aplica también para comunidades en las que se usan dos lenguas distintas. El aporte de este autor recae, en primer lugar, en la distinción entre bilingüismo como los rasgos individuales en relación con la competencia lingüística que tienen los hablantes frente a diglosia, que refiere a las funciones sociales que tienen estas lenguas. En segundo lugar, en la clasificación de las distintas situaciones lingüísticas en el mundo a partir de la convivencia de estos dos conceptos, de la que resultan cuatro posibilidades: 1) diglosia y bilingüismo; 2) diglosia sin bilingüismo; 3) bilingüismo sin diglosia y 4) sin diglosia ni bilingüismo.

Así, las comunidades del primer tipo tendrían un bilingüismo extendido entre sus miembros y el uso de las lenguas estaría dividido a partir de los diferentes ámbitos pertinentes en la comunidad. Por ejemplo, los miembros de la comunidad de Misión de Chichimecas (Guanajuato, México) se caracterizan por tener un bilingüismo de distintos grados entre el ùza (chichimeco) y el español y normas sociales que competen al uso de estas dos lenguas. Esto es, en los ámbitos de las casa, mercado y escuela, predomina el uso del ùza; en las fiestas, las juntas, el trabajo y la iglesia el uso de ambas lenguas y, en la clínica y en la ciudad el uso del español.

El segundo tipo caracteriza a las situaciones en las que si bien, existen dos lenguas no hay bilingüismo entre los hablantes, pues cada uno de ellos forma parte de comunidades distintas que están unidas por factores sociales, políticos y/o religiosos. Un ejemplo podría ser la presencia del latín en América en la época colonial, pues esta lengua sólo se hablaba por una élite religiosa que lo enseñaban a un sector específico de las comunidades originarias para ciertas funciones, pero su aprendizaje y su uso no se extendió al resto de la población, como sí sucedió con el español.

El tercer tipo sirve para describir, sobre todo, situaciones de migración en la que el individuo es bilingüe y en el hogar hace uso de la lengua familiar mientras que fuera de ella la del país al que migró, el autor destaca que no se trata de diglosia pues este uso diferenciado de las lenguas no es algo que compartan todos los miembros de la comunidad. Un ejemplo de estas situaciones es la presencia de la comunidad latina en Estados Unidos de América, pues el español es la lengua de casa, sobre todo en las primeras y segundas generaciones, y el inglés la lengua de uso externo. Esta particularidad bilingüe no se extiende al resto de la comunidad no latina.

Finalmente, las situaciones en las que no hay ni diglosia ni bilingüismo son comunidades pequeñas y aisladas, probablemente con redes densas entre los miembros que conllevan a que no se establezcan registros o variedades diferenciadas. Un ejemplo serían las comunidades rurales donde el español es la lengua de uso y sus miembros suelen mantenerse dentro de ella, por lo que existe poco contacto tanto con otras variedades de español como con otras lenguas.

Otros autores han puntualizado algunas de las características de la diglosia expuestas en los párrafos anteriores. Por ejemplo, Fasold (1984) advierte las diversas complejidades multilingües que existen en el mundo por lo que el carácter dual del concepto no alcanza para describirlas. De tal suerte, dicho autor trae a cuenta el término de poliglosia para explicar situaciones en las que se hablen más de dos lenguas y/o variantes lingüísticas. Un ejemplo claro sería las situaciones en contacto en la India en la que entran en juego no sólo distintas lenguas sino también distintas variedades de estas, cada una de ellas con distintos estatus sociales. Un ejemplo más se discute dentro de los estudios de la sociolingüística catalana con los trabajos de Ninyoles (1980 [1970]) quien argumenta que en las descripciones de diglosia se asumía una estabilidad en el uso de las dos lenguas, pero anota que muchos de los ambientes de multilingüismo en el mundo reflejan una situación de conflicto lingüístico que produce que una lengua, generalmente la mayoritaria y/o avalada por la política nacional, sustituya el uso de las lenguas minoritarias y, por lo tanto, se quiebre la estabilidad y en consecuencia la funcionalidad de las lenguas.

Como se puede observar en los párrafos anteriores, el poco dinamismo de la definición clásica de diglosia ha implicado que los diferentes estudiosos de comunidades multilingües adapten el término con el fin de explicar las dinámicas sociales de las lenguas en uso. Esto también tienen como consecuencia el uso indiscriminado del término retomando principalmente dos elementos, que se traten de dos lenguas o variedades lingüísticas con estatus diferentes y que estas se hablen en distintos ámbitos de uso. Por ejemplo, en México muchas de las comunidades bilingües en las que conviven alguna de las 364 variedades de lenguas originarias y el español suelen caracterizarse como bilingües y diglósicas, pues se asume, a priori y en consecuencia de las políticas públicas castellanizantes, que el español es la lengua alta y la lengua originaria es la lengua baja, cada una de ellas con usos especializados. Esto tiene como consecuencia que se homogenicen todas las comunidades bilingües y no se vea su diversidad. Sin embargo, en un estudio hecho en México en la comunidad de Santa María de Ocotán (Durango, México) se observó que, en ámbitos como el hogar, las fiestas y la iglesia, se usaba el o’dam (tepehuano del sureste) mientras que, en los espacios como las juntas, clínica, escuela, mercado trabajo y en la ciudad de Durango imperaba el uso bilingüe, es decir, se usaba tanto el o’dam como el español dependiendo del interlocutor. Además de que los miembros de la comunidad expresaban actitudes de lealtad lingüística hacia la lengua originaria y veían al español como una lengua instrumental.

Entonces ¿podríamos definir a dicha comunidad como una comunidad bilingüe y diglósica? El ejemplo muestra, por un lado, que no necesariamente la lengua originaria es vista por los hablantes como una lengua baja frente al español y que las funciones de ambas lenguas se traslapan en algunos espacios por lo que la selección de estas está condicionada no solo por el ámbito de uso sino también por el interlocutor que se tenga enfrente.

En Hispanoamérica, la diversidad lingüística se refleja no sólo en el número de lenguas y variedades lingüísticas que se hablan sino también en las diferentes comunidades lingüísticas que existen, pues la diversidad de tipos de comunidades bilingües es vasta y habría que preguntarse si el término de diglosia sirve para caracterizar sus particularidades. Sin duda alguna, el concepto diglosia ha sido de gran utilidad en la descripción sociolingüística de comunidades multilingües. Sin embargo, es necesario ampliar el número de trabajos en los que se describan a detalle las dinámicas sociales de las lenguas en uso, para así poner en la mesa la discusión sobre si el uso de diglosia sería exclusivamente para aquellas comunidades que describe Ferguson o si existen otras maneras para describir a las que no tienen estas características.


Bibliografía citada:

Fasold, R. (1984). The sociolinguistics of society. Oxford: Blackwell.

Ferguson, C. (1959). “Diglossia”, Word, 15, pp. 325-340.

Fishman, J. A. (1972). The Sociology of Language. An Interdisciplinary Social Science Approach to Language in Society. Rowley: Newbury House Publisher.

Ninyoles, R. (1980 [1972]) Idioma y poder social. Madrid: Editorial Tecnos.

Bibliografía recomendada

Torres, N. (2018) “Aquí hablamso tepehuano y allá español. Un estudio de la situación de bilingüismo incipiente entre el español y el tepehuano del sureste (o’dam) en Santa María de Ocotán y Durango. Tesis de doctorado. México: El Colegio de México

Guerrero A. y Torres N. (en prensa) “El habitus lingüístico de tres redes indígenas: otomí, chichimeca y tepehuano del sureste” por aparecer en el libro Prácticas Lingüísticas Heterogéneas, Santiago Sánchez Moreano y Élodie Blestel (eds.) Berlin: Language Science Press.

Zimmermann, K. (2010). “Diglosia y otros usos diferenciados de lenguas y variedades en el México del siglo XX: entre el desplazamiento y la revitalización de las lenguas indomexicanas”, en Historia Sociolingüísticas de México. México contemporáneo, Rebeca Barriga Villanueva y Pedro Martín Butragueño (coord.), México: El Colegio de México, pp. 881-955.


Cómo citar esta entrada:

Torres Sánchez, Nadiezdha (2021): “¿Todas las comunidades bilingües son diglósicas?” Blog del grupo Español en Contacto. Recuperado de: https://espanolcontacto.fe.uam.es/wordpress/index.php/2021/09/13/todas-las-comunidades-bilingues-son-diglosicas-nueva-entrada-de-blog-escrita-por-nadiezdha-torres-sanchez/