«Contacto de dialectos I: dimensiones», nueva entrada de blog escrita por Pedro Martín Butragueño


Contacto de dialectos I: dimensiones*

Pedro Martín Butragueño

Ilustración realizada por Lourdes Martín

El contacto entre dialectos tiene, al igual que el contacto de lenguas, una dimensión individual, una dimensión comunitaria y una dimensión lingüística, con procesos y consecuencias parcialmente diferenciados. Así, las personas pueden acercarse o no a las soluciones lingüísticas de otros hablantes cuando se encuentran en una interacción específica, las comunidades pueden instalarse en procesos de contacto dialectal cuando se dan ciertas circunstancias y los sistemas lingüísticos pueden experimentar determinadas convergencias. A continuación, se repasan algunas de las ideas comunes al respecto, así como algunas de las consecuencias que experimentamos los hablantes cuando nos encontramos en situaciones de contacto dialectal.

            Para entender el problema, conviene empezar por recordar algunas ideas comunes que solemos tener ante la experiencia del contacto dialectal, ideas que, curiosamente, pueden ser contradictorias en su formulación. Por una parte, tendemos a pensar que, cuando nos desplazamos a otro lugar donde se habla nuestra misma lengua, pero con algunos rasgos diferentes, de inmediato empezamos a hablar como las personas del lugar. En contraste, también es común que concibamos lo opuesto: que a pesar de los muchos años que transcurran, no por ello perdemos nuestros rasgos de partida. Estos dos efectos contrapuestos son especialmente perceptibles con la prosodia enunciativa, sobre todo con los contornos tonales: algunos rasgos muy prominentes parecen saltar a nuestra boca y a nuestros oídos, en parte fuera de nuestro control, para asemejarnos a los demás o, por el contrario, para seguir siendo los mismos. Es común señalar que a alguien «se le pegó el tonito o el cantadito» de tal sitio, o que tal persona sigue conservando «su acento» aunque lleve décadas viviendo en tal ciudad.

            Ambas percepciones —el efecto mimético y el efecto conservador— tienen algo de cierto cuando se analizan datos lingüísticos, como si quedásemos con un pie en cada una de estas dos realidades. Solo se puede dar una respuesta parcial al dilema, entre otros motivos, porque toca al asunto de hasta dónde llegan los límites de lo que podemos controlar cuando nos involucramos en un proceso comunicativo. Esto es cierto para la entonación, pero también para otras dimensiones lingüísticas. Por ejemplo, las tasas de debilitamiento o de elisión de una /s/ a final de sílaba (árbole), o de una /d/ intervocálica (llegao), o el cierre de una vocal media —/e/, /o/ pronunciadas como [i], [u] (lechi, gatu)— pueden variar según el lugar en el que nos encontremos o de la persona a la que nos dirijamos, pero seguramente no podemos decidir del todo la manera en que conformamos lo que decimos. Lo mismo ocurre con ciertas elecciones léxicas —como apetecer vs. antojar en algunos contextos europeos o americanos— o con algunas posibilidades morfosintácticas —como en Ya he terminado el libro, frente a Ya terminé el libro—. Además, el contacto entre personas de diversos dialectos no solamente pone a prueba aspectos puramente formales, sino que involucra muy diversas disposiciones relacionadas con los eventos de habla, sea el estilo apropiado para desenvolverse en una interacción, el manejo de la cortesía o el grado de asertividad que es esperable. No podemos controlar del todo nuestro comportamiento lingüístico y comunicativo, incluso cuando conocemos la base de las diferencias entre las personas provenientes de diversas comunidades.

            Cabe pensar en varios efectos peculiares según la manera en que se den las circunstancias en las situaciones de contacto, vistas desde la perspectiva de los individuos, pensando ahora sobre todo en situaciones de contacto dialectal por inmersión, como ocurre con los hispanoamericanos que viven en España o con los españoles que residen en alguna ciudad latinoamericana. Se han hecho algunas propuestas al respecto (cf. Trudgill 1986, Chambers 1992, Siegel 2010…) sobre las etapas, los efectos y los principios involucrados, a las que se remite para mayor referencia, pero aquí —al hilo de estos y otros trabajos, en general y sobre el caso de las variedades del español— solo se esboza una presentación informal y sintética del proceso. Un contexto inicial de contacto sería la toma de conciencia de que existen diferencias entre la variedad propia y la ajena, así como de la conveniencia de realizar algunas maniobras que ajusten la forma de hablar. Este proceso puede tener a su vez cierto número de capas. Por ejemplo, podría ocurrir que una persona española empleara el vosotros en la Ciudad de México en un viaje breve y en una situación formal simplemente porque es su forma habitual y porque sabe que es la que se espera de ella. Sin embargo, podría reemplazar vosotros por ustedes en una estancia más larga, si bien sería factible, incluso, recuperar la primera forma con amigos mexicanos de gran confianza. Al igual que la elección de la lengua entre los bilingües, la selección dialectal puede aparejar significados adicionales, que generan identidad al asociar significados sociales, al estilo de las propuestas de Eckert (2018). Así, elegir entre los mencionados apetecer y antojar puede ser toda una declaración de intenciones en un contexto hispano-mexicano. Pueden también darse malentendidos: por ejemplo, lo que para unos es marca de cercanía, para otros puede parecer imposición lingüística, como el uso de vosotros fuera de España.

            Un paso más allá de la mera toma de conciencia puede ser el intento de control de lo dicho. Pesqueira (2012), por ejemplo, ha mostrado que, si los bonaerenses que viven en la capital mexicana ajustan un pequeño conjunto de ítems léxicos muy frecuentes, reemplazando en ellos la pronunciación [ʒ] o [ʃ] por [ʝ] en calle o en yo, pueden reducir notoriamente la fuerte diferenciación entre ambas variedades. Recordemos que la [ʒ] es postalveolar fricativa sonora y suena parecida a la j del francés; [ʃ] es postalveolar fricativa sorda y se oye como la sh del inglés; y [ʝ] es palatal fricativa sonora, el sonido más frecuente para y en español. Conviene hablar de intento de control, pues es claro que los hablantes en contacto no consiguen ajustar todos los casos en todas las ocasiones. Algunos investigadores (como Julio Serrano y Leonor Rosado) han encontrado que la primera generación de inmigrantes parece manejarse por medio del léxico con respecto a los fenómenos fónicos, es decir, los ajustes fónicos se producirían palabra por palabra; la segunda generación de inmigrantes dialectales, en cambio, actuaría modificando las reglas completas, con una integración fónica que mira mucho más a los contextos fónicos como tales. Para entender mejor la idea, piénsese en la diferencia entre atender a la /d/ en palabras como virtud o verdad (elementos léxicos), frente a la atención al mismo sonido cuando se encuentra en posición final de palabra (posición fónica).

            Situación diferente a los intentos, exitosos o no, por controlar lo dicho, es la automatización de los procesos. En ese momento, el hablante en contacto dialectal no necesita de mecanismos de control específicos, propios o ajenos, para seleccionar soluciones de una u otra variedad, sino que estos fluyen, hasta cierto punto, de manera natural y espontánea, con una casi plena coherencia lingüística y pragmática en el manejo de los recursos con respecto a los interlocutores y las situaciones comunicativas.

            La automatización, sin embargo, no es estable, pues si el contacto con el segundo dialecto termina por ser mayor o mucho mayor que con el dialecto primero, es común desembocar en lo que podría llamarse situación de confusión dialectal. A tales alturas del contacto, el hablante empieza a tener problemas para estar consciente de qué formas proceden de cada variedad. Esto es particularmente evidente con el léxico, siendo difícil establecer el origen dialectal de ciertas palabras, pero también en cualquier otro nivel lingüístico, incluida la morfosintaxis, como es fácil de constatar en los hispanohablantes con los usos aspectuales de ciertos tiempos verbales, por ejemplo, asentando en la forma de hablar soluciones de tipo comí, aun cuando en su dialecto original lo esperable hubiera sido he comido. También es muy claro cuando los ajustes lingüísticos tocan a la construcción discursiva o a la interacción misma, como a la hora de emplear marcadores discursivos, al estructurar las formas de tratamiento y al aplicar las normas de cortesía esperadas. Incluso el lenguaje emotivo —sea producto del afecto, el temor o el enojo— llega a desplazarse hacia la nueva variedad. Hay, en otras palabras, un relativo abandono del punto de origen, al menos en ciertos matices, aun cuando el proceso puede revertirse, por lo que cabe dudar de la posibilidad de un desplazamiento completo en el nivel individual —común, sin embargo, en la generación siguiente, cuando los hechos se ven en el nivel de la comunidad—.


* Agradezco las observaciones de Julio Serrano y de Sara Gómez Seibane a una versión previa de estas líneas; también doy las gracias a Lourdes Martín Aguilar por la imagen que preparó para ilustrar el texto.


Para saber más:

Chambers, J. K. 1992. “Dialect Acquisition”, Language, 68, 4, pp. 673–705.

Eckert, Penelope 2018. Meaning and Linguistic Variation. The Third Wave in Sociolinguistics. Cambridge: Cambridge University Press.

Pesqueira, Dinorah 2012. Acomodación y cambio lingüístico en situaciones de contacto dialectal. Tesis de doctorado. México: El Colegio de México.

Siegel, Jeff 2010. Second Dialect Acquisition. Cambridge: Cambridge University Press.

Trudgill, Peter 1986. Dialects in Contact. Oxford – New York: Basil Blackwell.


Cómo citar esta entrada:

Martín Butragueño, Pedro (2022): “Contacto de dialectos I: dimensiones”, Blog del grupo Español en Contacto. Recuperado de: https://espanolcontacto.fe.uam.es/wordpress/index.php/2022/04/25/contacto-de-dialectos-i-dimensiones-nueva-entrada-de-blog-escrita-por-pedro-martin-butragueno/