«Contacto de dialectos II: inmigración y desdialectalización», nueva entrada de blog escrita por Pedro Martín Butragueño


Contacto de dialectos II: inmigración y desdialectalización*

Pedro Martín Butragueño


Es muy importante señalar que, a diferencia de las situaciones de koineización, que suelen describirse como convergencia —nivelación— con simplificación, los procesos de contacto dialectal por inmersión podrían caracterizarse, más bien, como enriquecimiento y complejización, cuando no como abierta desdialectalización, o relativa pérdida del dialecto de origen frente al de llegada. Estas líneas repasan cómo se produce el desplazamiento dialectal.

            El panorama es especialmente claro en situaciones de inmigración hacia áreas urbanas, con la llegada de grupos poblacionales procedentes de entornos rurales. Suele tratarse de una inmigración de corte laboral, desde zonas económicamente deprimidas, cuyos hablantes emplean, muchas veces, variedades menos prestigiosas que las dominantes en los lugares receptores. Un proceso de este tipo puede documentarse en la inmigración meridional hacia Madrid en los años 50, 60 y 70 del s. xx, con una gran cantidad de hablantes procedentes de Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía, entre otros lugares. En líneas generales, lo que ocurrió en este caso no es un proceso de koineización, en el que se equilibraran las variedades puestas en contacto, adoptando soluciones estructuralmente más simples, sino una desdialectalización profunda. La primera generación atenuó ciertos rasgos de partida, algunos de ellos muy estigmatizados por la comunidad receptora, y la segunda generación los perdió por completo y abrazó plenamente los patrones de variación madrileños. En el caso de la Ciudad de México existen procesos análogos, de forma que es posible, por ejemplo, rastrear la atenuación de algunos rasgos prosódicos marcados y ver una cierta adaptación a las soluciones entonativas prestigiosas en la capital mexicana (con un tono menos alto en la última sílaba tónica, por ejemplo), si bien el proceso tiene un patrón social complejo y resignifica el valor comunitario de algunos de estos rasgos.

            Esta diferencia entre koineización y desdialectalización debe ser tenida en cuenta al interpretar ciertos procesos históricos. Por ejemplo, se ha hablado en ocasiones de los procesos de koineización experimentados por las variedades de español puestas en contacto en la llamada etapa insular del español americano, que corresponde aproximadamente a la primera generación colonizadora. Sería interesante contrastar hipótesis alternativas a la hora de interpretar situaciones de este tipo, pues los hechos sociolingüísticos contemporáneos no necesariamente sugieren que los procesos de nivelación sean la solución más común en circunstancias de contacto dialectal. Lo que señalan los datos, a fin de cuentas, es que las variedades prestigiosas —es decir, las asociadas a los grupos dominantes— son las que pesan en la dirección adoptada por el contacto dialectal. Por ejemplo, en Madrid los inmigrantes reducían las tasas de elisión de consonantes finales, estigmatizadas en el estándar.

            Una discusión tradicional es si el contacto de dialectos es nada más un caso específico de contacto de lenguas, en el que las variedades confrontadas se encontrarían más cercanas. Existen varias analogías destacables entre ambas situaciones, como la concurrencia de procesos migratorios —en muchos casos—, la relativa falta de prestigio que suele afectar a la variedad minorizada, la existencia de patrones diferenciados entre padres e hijos, etc.

            Además, el estudio de los dialectos en contacto tiene un gran potencial para estudiar el cambio lingüístico. Junto con otras fuentes de datos, las variedades en contacto proporcionan grandes utilidades para analizar cómo se producen las modificaciones en las lenguas y en el habla de personas específicas. Así, si se estudia a los hablantes que llegaban a Madrid, sobre todo del sur de España, en las décadas de los años 60 y 70, tenemos entre manos un relevante problema descriptivo y la posibilidad de discutir ciertas decisiones propias de la lingüística aplicada —por ejemplo, qué hacer con las variedades de origen en la escuela—. Y no solo eso: también cabe estudiar cómo y por qué se articulan ciertos cambios lingüísticos, como la pérdida de soluciones estigmatizadas, valga el caso reponiendo sonidos ausentes, como en comé > comer. El contacto dialectal se vuelve especialmente revelador cuando se observa desde este ángulo. Al igual que el contacto entre lenguas, el contacto entre dialectos se ha visto como un laboratorio para la llamada experimentación natural, en la medida en que pueden darse grandes transformaciones lingüísticas en breves períodos de tiempo, tanto en los individuos como en los grupos sociales. Y es que en solo dos generaciones pueden observarse transformaciones no poco radicales.

            El contacto dialectal es, en sí mismo, una fuente inestimable de datos en muy diversas situaciones: los viajes, la migración estable y la migración forzada, entre otras coyunturas, ameritan comprenderse también desde un ángulo lingüístico. El fuerte crecimiento de las ciudades desde mediados del siglo xix solo puede explicarse por la concentración migratoria, de modo que urbanización y migración son dos caras de la misma moneda. Y baste pensar en la influencia de las ciudades en la reorganización de los modos lingüísticos en la vida contemporánea. El peso de las grandes y las medianas urbes es enorme a la hora de generar y difundir estándares lingüísticos. La relación entre las soluciones estándares y las soluciones vernáculas es también otra forma de contacto semejante al dialectal. La escuela, los medios de comunicación y otros espacios lingüísticos difunden las llamadas variedades estándar, dotadas, en general, de más prestigio que las vernáculas, las cuales deben aprenderse para moverse en círculos ajenos a las realidades locales. Habría, así, un contacto dialectal que se produce a distancia. Este contacto dialectal distante, por otra parte, es cada vez más común y cercano en las redes sociales y en las plataformas de televisión a la carta, de modo que un hablante de español puede tener una exposición mucho mayor con otras variedades de esta lengua, europeas o americanas, que la que se tenía en el pasado reciente.

            La dialectología tradicional se había ocupado ya, explícita o implícitamente, de cuestiones relacionadas con el contacto de dialectos. Una de ellas es el estudio de zonas fronterizas entre dialectos e incluso entre lenguas, en especial cuando la variación se va dando en forma de un continuo en el que se transita lingüísticamente de modo gradual, al pasar de una población a otra. Las áreas de transición se ven como dialectos que oscilan entre los puntos de referencia promovidos por al menos dos variedades claramente definidas en lo lingüístico y en la percepción social. Hay que distinguir aquí al menos entre dos situaciones. Por un lado, aquellas transiciones percibidas como tales por deberse a que los puntos A y B han tenido desarrollos históricos paralelos, por lo que al pasar de un lugar a otro existen cambios menores, como en el llamado continuo románico (por ejemplo, como ocurrió en la cornisa cantábrica en España). Por otra parte, aquellas transiciones originadas por procesos de contacto dialectal efectivo, como sucede con la ocupación de territorios nuevos en el trayecto de colonización norte-sur en la Península Ibérica.

            Algunas de las áreas fronterizas más conocidas son precisamente las que separan las hablas aragonesas de las catalanas o las hablas leonesas de las portuguesas. En el contexto americano la frontera que separa Uruguay de Brasil es también una zona muy estudiada. El mismo carácter transicional puede atribuirse a otras áreas, como la zona murciana en España, o el sector que separa, en México, las hablas yucatecas de las del resto del país —situación esta última, por cierto, que precisa de mayor investigación reciente.

            El enfoque dialectológico tradicional, sin embargo, cuando se trasladaba a entornos urbanos, en la mayor parte de los casos, solía hacer a un lado los grupos poblacionales ajenos a una comunidad determinada, ante la pretensión de buscar una variedad vernácula. Esto llevaba a minusvalorar la diversidad de grupos migratorios presentes en todas las grandes ciudades, cuyo crecimiento se ha debido, como se ha dicho, a la llegada aluvial de personas de diversos orígenes. Podría darse así el caso de planear, digamos, un estudio de la Ciudad de México que tomara en cuenta nada más a personas nacidas en el lugar, exigiéndose a veces que incluso los abuelos lo fueran también. Este debatible planteamiento metodológico dejaba fuera de estudio, entre muchas otras realidades, una de las circunstancias más comunes en los espacios urbanos, el contacto entre diversas variedades geográficas.

            Con los inicios de la sociolingüística urbana surgen datos más detallados sobre la presencia de inmigrantes dialectales en ciertas ciudades. Así es el caso, por ejemplo, de San Juan de Puerto Rico, cuyo estudio emprendió López Morales (véase 1983). Hay que esperar, sin embargo, a fines de los 80 y principios de los 90 para empezar a ver una gran cantidad de trabajos sobre inmigración de diversos tipos; de no conocer casi nada al respecto, hoy día ciertas áreas urbanas han sido sumamente estudiadas. Para Madrid, por ejemplo, ya se ha mencionado a los antiguos hablantes meridionales, pero también se ha ido estudiando a los inmigrantes hispanoamericanos más recientes. Otra ciudad que ha sido muy estudiada desde el punto de vista inmigratorio es la capital de México. Así, como en parte ya se ha mencionado arriba, conocemos los procesos experimentados por inmigrantes del centro del país, así como por inmigrantes más alejados, como pueden ser los sonorenses o los yucatecos y los inmigrantes venidos de fuera del país, sean españoles, caribeños, centroamericanos o sudamericanos (cf. Soler Arechalde en prensa, para una visión general). La presencia de diversas variedades de español en Estados Unidos ha mostrado ser también un terreno fructífero para el estudio del contacto dialectal (considérese, por ejemplo, Potowski 2020).

            El libro de Peter Trudgill de 1986 detonó las bases teóricas para acercarse al problema del cambio lingüístico en las situaciones de contacto, al proyectar la teoría de la acomodación lingüística entre grupos de personas de diferentes orígenes a este tipo de procesos dialectales; a la luz de diversas investigaciones en psicología social, el principio de acomodación sugiere que cuando queremos integrarnos en un grupo nos acercamos a nuestros hablantes en las interacciones, pero si queremos mantener nuestra propia identidad nos alejamos por desacomodación. Ciertamente, el principio es más fácil de enunciar que de probar empíricamente, pero otorga una vía explicativa más amplia, que en última instancia vincula el estudio del contacto dialectal con el del contacto lingüístico y, más en general, con el del cambio lingüístico. Abundan las aportaciones posteriores (como ahora Kerswill y Wiese 2022, etc.) y el contacto dialectal ocupa un lugar recurrente en congresos y publicaciones actuales.

            Cabe pensar que son muchas las ciudades hispanohablantes en las que no se ha examinado de forma sistemática el papel del contacto en su conformación lingüística. Lo mismo puede señalarse de las múltiples aristas que incluye el contacto para la comprensión de la historia del español y para entender los procesos de cambio lingüístico. Puede decirse que la descripción y explicación del contacto dialectal apenas ha iniciado, de forma que abre multitud de puertas relacionadas con dimensiones teóricas y aplicadas.

* Agradezco las observaciones de Julio Serrano y de Sara Gómez Seibane a una versión previa de estas líneas; también doy las gracias a Lourdes Martín Aguilar por la imagen que preparó para ilustrar el texto.


Para saber más

Kerswill, Paul, y Heike Wiese (eds.) 2022. Urban Contact Dialects and Language Change. Insights from the Global North and South. London – New York: Routledge.

López Morales, Humberto 1983. Estratificación social del español de San Juan de Puerto Rico. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Potowski, Kim 2020. “El contacto entre el español mexicano y el puertorriqueño en Chicago: algunos resultados léxicos y fonológicos”, en Contacto lingüístico y contexto social. Estudios de variación y cambio. Ed. Á. Soler y J. Serrano. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 479-501.

Soler Arechalde, María Ángeles en prensa. «Contacto de dialectos del español en México», en Historia sociolingüística de México. Vol. 5: Nuevas visitas al pasado y al presente. Ciudad de México: El Colegio de México.

Trudgill, Peter 1986. Dialects in Contact. Oxford – New York: Basil Blackwell.


Cómo citar la entrada:

Martín Butragueño, Pedro (2022): «Contacto de dialectos II: inmigración y desdialectalización», Blog del grupo Español en Contacto. Recuperado de: https://espanolcontacto.fe.uam.es/wordpress/index.php/2022/05/30/contacto-de-dialectos-ii-inmigracion-y-desdialectalizacion-nueva-entrada-de-blog-escrita-por-pedro-martin-butragueno/